Los mercedarios, que llegaron en 1598, fueron la última de las seis órdenes de religiosos que se asentaron en la ciudad de Puebla. Recibieron para su establecimiento la ermita de los santos Cosme y Damián, con la condición de que su advocación fuese siempre la de dichos santos médicos.

En el exterior es notable la portería del convento, que muestra la decoración de los arcos y del cornisamento con bellos relieves de argamasa.

Esta modalidad decorativa surgió a mediados del siglo XVII en forma paralela al desenvolvimiento de las yeserías en bóvedas.

La fachada del templo de la Merced data de 1628 y se compone de dos cuerpos y un remate, pero el conjunto destaca sobre un gran muro de sillares o piedras labradas en cuadro con junturas rehundidas. En esta misma fachada se observan las estatuas de los santos patronos Cosme y Damián. Al centro se encuentra un delicado relieve de la Virgen de la Merced, con los fundadores de la orden.

El interior era de una sola nave con crucero pero, al comunicarle las capillas laterales, se convirtió en una estructura de tres naves.

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