El proceso de asentamiento español para Puebla de los Ángeles fue toda una  excepción. Concebida como  un experimento social que aspiraba a concentrar “simples labradores, campesinos dotados de parcelas de similar extensión e idéntica influencia, fuera de las comunidades indígenas y sin contar con su apoyo. Esto demostraría a los españoles que a pesar  de que los conquistadores, que afirmaban lo contrario, que los europeos podían sobrevivir en el Nuevo Mundo del mismo modo como lo hacían en el antiguo.

Puebla, ciudad de españoles “no encomenderos”, proyectada y planificada desde su misma fundación gozó desde casi sus inicios con diversas prerrogativas  y exenciones por espacio de varios años, al mismo tiempo que se autorizó a los pobladores el uso  de la mano de obra indígena para el trabajo de las tierras de labor así como también  para la construcción de la ciudad. Para garantizar dicha mano de obra se firmó en 1531 un acuerdo entre el oidor Salmerón, responsable del éxito del nuevo asentamiento, y caciques tlaxcaltecas, cholultecas, huejotzincas y calpanecas, por medio del cual “cada vecino español pudo disponer de treinta indígenas para levantar sus casas.
La necesidad de contar con mano de obra libre y permanente, determino que el Ayuntamiento de Puebla dispusiera en 1550 el otorgamiento de un sitio para la construcción de sus casas pero que estuvieran apartados de la traza de los españoles.

Esto dio origen  a la formación de barrios indígenas, los que rodearán la traza por el norte, este y oeste, quedando la zona sur libre ya que unía a la ciudad con las tierras comunales.

 

Los primeros asentamientos indígenas  comenzaron a poblarse de tlaxcaltecas a orillas del río San Francisco, alrededor del convento de los frailes franciscanos, denominado Tlaxcaltecapan; al norte de la traza se formaron los arrabales de Xanenetla y Xonacatepec, al poniente Cholultecapan y Huejotzicapan, los que formaron el barrio de Santiago, en torno a la iglesia de San Sebastián se construyeron los barrios de San Sebastián, San Pablo de los Naturales y Santa Ana con sus arrabales de San Antonio y San Miguelito; al noroeste el barrio de Texcoco, y al norte el barrio de San José.

A orillas de Tlaxcaltecapan surgieron los barrios de San Juan del Río, del Alto y Tecpan,  mientras que al sureste se fue conformando el barrio del Carmen.

Hacia 1560, ya se habían constituido los barrios indígenas, siendo San Sebastián y Analco los más poblados.

Desde sus comienzos los asentamientos indígenas contaron con gobierno propio que los diferencio del de los españoles. Para finales del siglo XVI quedó integrado el cabildo de los Señores Indios presidido por un gobernador a quien se denomina Topile, con jurisdicción en todos los barrios indígenas de la ciudad.

Los barrios se especializaron en las actividades productivas básicas de la ciudad: Albañiles en el Alto, ladrilleros en Xanenetla, panaderos y herreros  en Analco, alfareros en la Luz, carboneros en Los Remedios, carpinteros en Santiago, tejedores en San José, hilanderos en San Antonio y Santa Ana entre otros.

Esta agrupación gremial se vio reforzada, al formarse también en los barrios las cofradías indígenas, cuyos patrones tenían una advocación especial europea en el templo de cada barrio. Así encontramos a Jesús Nazareno, protector del gremio de los tejedores, al Santo Ángel Custodio patrón de los herreros, al apóstol Santiago protector de los carpinteros, la Santa Cruz en el templo del barrio del Alto y así continuaba formando el núcleo de lo que serían los barrios actuales de Puebla.

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