Tres mujeres, una de ellas huichol, afirman que la beca del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, implementada por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, significa un giro positivo en su vida. Estas son sus historias.

Oportunidad para Baudelia, wixárica

Entre la necesidad de trabajar antepuesta a la de estudiar, a Baudelia de la Rosa de la Cruz la prepa le quedó como un plan prácticamente imposible. Pero en Taller de Artes y Oficios (TAO) de Jade, encontró el modo de tener la beca del nuevo programa, aprender procesamiento de alimentos para trabajar en cocinas industriales con estándares de calidad para exportación y tener, además, clases de inglés, de arte y de yoga.

Ahora, Baudelia tiene la posibilidad de que su aspiración sea real: estudiará después la Preparatoria Abierta.

Es wixárica (huichol). Y forma parte del programa integral de educación y trabajo que hace el hotel Mar de Jade de Laura del Valle, localizado en Chacala, Nayarit. En un mismo sitio de aulas y talleres hay distintas propuestas de aprendizaje y trabajo, en convergencia con Jóvenes Construyendo el Futuro, por un lado, el sistema Preparatoria Abierta de aquella entidad, por otra, y otras instituciones educativas estatales y federales, como el Instituto Nacional de Educación para los Adultos (INEA), que requiere espacios para enseñar.

Por primera vez en su vida, Baudelia de la Rosa tiene educación en varias esferas de conocimiento: prepa abierta, inglés, yoga, arte y Cocina Industrial, que es la apuesta de la hotelera Laura del Valle para los becarios del programa federal. Foto: Cortesía de TAO de Jade
Por primera vez en su vida, Baudelia de la Rosa tiene educación en varias esferas de conocimiento: prepa abierta, inglés, yoga, arte y Cocina Industrial, que es la apuesta de la hotelera Laura del Valle para los becarios del programa federal.
Foto: Cortesía de TAO de Jade

“Aquí, a los trabajadores-estudiantes les damos dos comidas diarias y transporte”, cuenta la hotelera Laura del Valle, fundadora del TAO de Jade donde se incorporaron los becarios del programa federal desde febrero de este año.

Aliciente para la vocación de Marycarmen

Marycarmen Zambrano fue una de las primeras beneficiarias del programa.

Zambrano, de 29 años, estudió psicología en una escuela privada en la Ciudad de México, pero no pudo graduarse, pues el costo de titulación ascendía a los 40 mil pesos. Sin el documento que acreditara su nivel de estudios, estuvo desempleada por tres años.

En octubre de 2018 –consigna Milenio– la egresada de psicología se enteró del programa y una vez que comenzaron las inscripciones en enero de 2019, comenzó a trabajar en la asociación civil “Por el gusto de saber”, donde brinda atención psicológica a jóvenes con problemas de adicción y a otras personas con dificultades emocionales.

“Gracias por la oportunidad que se da con este programa, porque muchos lo ven como negativo, ¿no?, porque dicen que les vas a dar a un ´nini´ dinero, pero realmente yo no era nini, yo soy una egresada que ha tenido conflictos para adquirir un trabajo y esta oportunidad es buena para eso”, declaró.

Marycarmen relató que su registro al programa fue “luego, luego” y a los 15 días de haber entregado los documentos, eligió la sede y así comenzó a trabajar.

Marycarmen es una de las beneficiarias del programa Jóvenes Construyendo el Futuro; su beneficio mayor es el impulso a su vocación. Foto: Fanny Miranda/ Milenio
Marycarmen es una de las beneficiarias del programa Jóvenes Construyendo el Futuro; su beneficio mayor es el impulso a su vocación. Foto: Fanny Miranda/ Milenio

Un cambio radical para Yanet

Yanet es una de los 2 millones 600 mil jóvenes que fueron beneficiados por el programa federal. A sus 21 años, con dos hijos y la secundaria trunca, la beca es una oportunidad para superarse.

“Me siento muy bien, estoy aprendiendo mucho, mi tutora tiene mucha paciencia para enseñarme. Ya sé utilizar diferentes programas como Word, Excel y PDF”, cuenta a El Universal.

Antes de iniciar con la capacitación laboral, Yanet sólo tenía dos opciones laborales: ser afanadora o ayudante en una cocina económica, cuyas condiciones laborales le impedían ocuparse de sus hijos.

Ella considera que por no haber terminado sus estudios después de embarazarse la primera vez, las posibilidades de encontrar un mejor empleo disminuyeron.

La joven presentará sus exámenes para terminar su educación y asegura que finalizará la preparatoria.


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